martes, 22 de septiembre de 2009

El mago que vino de Hollywood

Michael Weber, ilusionista que ayer actuó en Magialdia, ha creado efectos especiales en películas como 'Forrest Gump' y enseñó trucos a Julia Roberts.

Hacer magia no es mentir. Magia es contar una historia que le interese al público». La frase es de Michael Weber, uno de los grandes ilusionistas de la actualidad, que ayer intervino en el Festival Magialdia de Vitoria. Weber es el cine y el sueño. Un abogado de Los Angeles que un día decidió ser Peter Pan y que llegó a actuar para Frank Sinatra o Jack Nicholson. Es el cofundador de Deceptive Practices, una empresa que asesora a los directores de Hollywood cuando deben poner magia en escena. Obras como 'El ilusionista' o 'El truco final' tienen su sello. Pero Weber también es el hombre que compitió con George Lucas.
Su pugna con el creador de 'La guerra de las galaxias' se desarrolló durante la producción de la película 'Forrest Gump', en 1994. Su director, Robert Zemeckis, había preparado ya una cantidad ingente de efectos especiales que la empresa de George Lucas, Industrial Light and Magic, debía llevar a la pantalla mediante diseños por ordenador. «Los productores le dijeron que algunos efectos eran demasiado caros, así que llamaron a nuestra empresa para buscar soluciones», explica. Tras leer el guión se encargaron de hacer desaparecer las piernas del actor -Gary Sinise- que encarnaba a un veterano de Vietnam mutilado por una explosión, sin necesidad de ordenadores. Sólo con magia.
«Los detalles permiten llegar a la perfección, pero la perfección no es un detalle», sentencia Weber. Esta frase es uno de los diez mandamientos de los ilusionistas desde que uno de los principales prestidigitadores de la Historia, Dai Vernon, la utilizó para ilustrar como debía pensar un mago. «Todo lo que haga un mago tiene que parecer natural. Esa es la clave del éxito». Por eso, Weber ha sido contratado en el cine para que los actores parezcan reales si deben hacer magia.
«Tuve que enseñarle a Julia Roberts a hacer desaparecer monedas para la película 'Me gustan los problemas', con Nick Nolte», recuerda Weber. Todo comenzó porque al final de la película, ella se quita el anillo de casada y lo esconde entre los dedos para que el malo no lo encuentre. Sin embargo, el malvado le ve esconder algo y le pide que abra la mano. Cuando lo hace, allí no hay nada. «Convencimos a los guionistas de que la escena sólo sería creíble si durante toda la película se ve que a Julia Roberts le gusta la magia, así que nos dejaron introducir cambios en el guión para que su personaje hiciera pequeños trucos a lo largo de la historia. Y tuvimos que enseñar a Julia los secretos de un mago», revela.
Hablar con Weber es como leer el 'Quién es quién' de Hollywood, así que para explicar su necesidad del máximo control sobre cualquier trabajo cita a Jack Nicholson. «Actué en una fiesta en la que estaba Nicholson. Al terminar, vino donde mí y me dijo:
'Chaval, tú tienes el secreto. Un actor sólo es una pieza de una obra junto con el guionista, el director, el distribuidor, etc... En cambio, un mago lo tiene todo. Crea sus historias y las pone en escena y puede estudiar la reacción del público'».
Ray Bradbury
Y a su juicio, la clave de la magia está en la infancia. «De niños, todos somos magos. Tenemos el poder de la imaginación. El mago es una persona que, como Peter Pan, mantiene esa capacidad de asombro». Una de las personas con las que comparte esa actitud es el escritor Ray Bradbury, el autor de 'Crónicas Marcianas' o 'Fahrenheit 451', para quien ha organizado fiestas de Halloween. «Bradbury sabe cómo hacer que los sueños parezcan reales sólo con palabras. Un mago tiene que hacer lo mismo con su técnica. Si no hay sueños, no hay magia».

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